La humanidad en su conjunto es hoy en día muy dependiente de las energías fósiles más contaminantes, el carbón y el petróleo. Este es un rasgo muy característico de prácticamente todos los países, especialmente de los que están emergiendo como los grandes consumidores mundiales de energía. Según la Agencia Internacional de la Energía, en el año 2008 el desglose del mix energético mundial era: petróleo, 33’1%; carbón, 27%; energías renovables, 12’9%; nuclear, 5’8% y gas natural, 21’2%. Para ese mismo año, en China, el porcentaje de participación del carbón en su mix energético era del 66% y, según estimaciones del mismo organismo, solo se reducirá hasta el 63% en el año 2035 (implica aumento de las toneladas consumidas).
En caso de no disponer de alguna fuente de energía barata, abundante y limpia, las grandes potencias emergentes, y en menor medida también los países desarrollados, basarán su desarrollo futuro en un considerable consumo de carbón, que es abundante y barato a escala global, y, en menor medida, de petróleo, más caro y escaso.
La (o las) energía(s) del futuro deberán ser: 1) baratas, con precios asequibles para todos, 2) abundantes, con garantía de suministro a largo plazo y con reservas cuanto más ampliamente repartidas, mejor, 3) con el menor impacto posible en el medio. A fecha de hoy, no existe una sola fuente de energía que cumpla adecuadamente todos estos requisitos.
Sin duda, la que más se acerca es el gas natural. Es una fuente energética cuya adopción como combustible a gran escala es reciente, pero sus ventajas frente a otros combustibles han hecho que su consumo se haya doblado en el periodo 1980- 2010, con aportaciones al mix energético en continuo aumento. El gas natural es una energía limpia y abundante; cuanto antes y más ampliamente se produzca la sustitución de carbón y petróleo por gas natural, mayor será el beneficio para el medio, al evitar la emisión de importantes volúmenes de gases de efecto invernadero y otros contaminantes.
Incluso con anterioridad al descubrimiento de la potencialidad del gas no convencional, la humanidad ya había puesto sus esperanzas en que, a lo largo de las próximas décadas, el gas natural jugase un papel preponderante en el mix energético. Obviamente, al vislumbrarse que las reservas acumuladas extraíbles de gas convencional más las de gas no convencional pueden ser enormes y geográficamente bien distribuidas, el gas natural se está configurando como una de las fuentes de energía, quizás la principal, para las próximas décadas. En este sentido, el gas no convencional se perfila como una oportunidad que la humanidad, en su tránsito hacia las energías del futuro, no debe desaprovechar. Se trata de gestionar adecuadamente su exploración y producción.